La prevención constituye la estrategia más efectiva para reducir la incidencia de las lesiones por presión (LPP) y otras lesiones cutáneas asociadas a la dependencia. Las guías internacionales de práctica clínica destacan que la identificación temprana del riesgo y la implementación sistemática de medidas preventivas permiten disminuir el daño tisular, mejorar los resultados clínicos y optimizar el uso de los recursos asistenciales. 2, 3
Las lesiones por presión se desarrollan como consecuencia de la acción combinada de fuerzas mecánicas externas, principalmente la presión, la fricción y la cizalla, que actúan sobre los tejidos blandos y pueden provocar deformación celular, isquemia y daño tisular profundo. La evidencia científica reconoce estos factores como elementos clave en la etiología de las lesiones por presión y recomienda abordarlos de manera específica dentro de los programas de prevención. 5, 1
Adoptar un enfoque preventivo no solo contribuye a preservar la integridad cutánea y el bienestar de las personas residentes, sino que también reduce la complejidad de los cuidados, las complicaciones asociadas y la carga asistencial de los profesionales sanitarios. Las guías internacionales actuales recomiendan la combinación de evaluación del riesgo, cambios posturales, superficies de manejo de presión y el uso de productos diseñados para minimizar los efectos de la fricción y la cizalla. 2, 4